En sus brazos la madre arrullaba

Al infante robusto;

Daba vuelta, afanosa la anciana

En sus dedos nudosos, al huso,

Y al alegre fulgor de la llama,

Ya la joven la harina cernía,

Ó ya desgranaba

Con su mano callosa y pequeña,

Del maíz las mazorcas doradas.

Y al amor del hogar calentándose