Y convierte los sotos profundos

En mansión de gloria.

Más tarde, en otoño,

Cuando caen marchitas tus hojas,

¡Oh roble!, y con ellas

Generoso los musgos alfombras,

¡Qué hermoso está el campo!

La selva, ¡qué hermosa!

Al recuerdo de aquellos rumores

Que al morir el día