Ni puede el alma gozar del cielo
Mientras que vive envuelta en la carne.
Por eso las grandes dichas de la tierra
Tienen siempre por término grandes catástrofes.
* * *
¡Jamás lo olvidaré!... De asombro llena
Al escucharlo, el alma refugióse
En sí misma y dudó...; pero al fin, cuando
La amarga realidad, desnuda y triste,
Ante ella se abrió paso, en luto envuelta,