Mas concédame, al menos, en mi destino raro,
Realizar en el mundo la visión de mis sueños,
Que es dejar a otra frente mi corona de ensueños,
Y mi amor en el ritmo de poema preclaro.
Las gitanas, como todas las sibilas, suelen con bastante frecuencia equivocarse, y el poeta tiene posiblemente en su vigor de voluntad el secreto de su vivir. Después de Los lises del blasón, después de El Libro de Perséphone, después de La Sangre del Sol, dos libros, estos últimos, que aun no conozco, han de venir otros más firmes y melodiosos poemas. Y el patriótico idealista completará también la tarea para la que ha nacido.