Al tratar al general D. Rafael Reyes uno encuentra, desde luego, esa cultura colombiana, distintiva y propia, que hiciera antaño de Bogotá la primada de las letras de América, algo como el Alma mater continental. Se sabe que se habla con un militar, con un explorador, con un varón de hechos, y sin embargo, surge el hombre diserto, el conversador sagaz, el estudioso y el cultivado; y si se han leído las narraciones de ese bravo pioneer, que supo de bregas y de penas en el corazón de ásperas selvas, hay que saludar a un descendiente de aquellos conquistadores, hierro y fe, que asombran a la Historia. Hablando de tales hazañas del general Reyes, ha escrito estas palabras Santiago Pérez Triana: «...recorrió en su juventud aquellas inmensas selvas (las marañas amazónicas) realizando en ellas, en compañía de sus hermanos D. Néstor y D. Enrique, labores de explorador dignas de los más heroicos esfuerzos en ese fecundo campo de la actividad humana, de cuantos registra la historia americana desde las atrevidas y cuasi temerarias empresas de los conquistadores hasta nuestros días. Cuando se escriba la historia, cualesquiera que sean los veredictos que ella pronuncie sobre los hechos de su vida, respecto de los de cualquier hombre, que en lo general poco pueden vaticinar los contemporáneos, seguramente habrá una hermosa página en que se consignen los esfuerzos hechos para llevar la civilización a aquellas regiones de la patria colombiana, tan remotas de los centros habitados por el general Reyes y por sus dos hermanos, esfuerzos consagrados, como si fuera por el martirio, ya que dos de los exploradores pagaron con su propia vida su atrevida incursión en la selva primitiva».

Pues la obra de este colombiano eminente es de aquellas que en países europeos se vinculan a la propia grandeza de la Patria, y la que ha hecho el renombre y el reconocimiento debido a los Brazza, a los Shakleton, a los Marchand. Las Sociedades geográficas del mundo han sabido apreciar la labor del general Reyes, y el nombre de este prestigioso americano ha sido honrado con el elogio de los sabios europeos.

Cuando, lejos de los combates de partido y las malezas políticas—más llenas de azares y peligros que las de las florestas vírgenes—el general Reyes ha venido al viejo continente, ha sido recibido en todas partes con la imparcial justicia que es debida a sus merecimientos. Y ha sido sobre todo en la Madre patria, en la tierra de las hidalguías y de los nobles heroísmos, donde se le han hecho mayores manifestaciones de cordialidad y de aprecio, como si se viese en él, a quien, como he dicho antes, es un vástago de los audaces y luchadores caballeros que hicieron en América poemas de vida y de acción, cantos de gesta realizados. Nada tiene que ver el consenso universal de intereses, de pasión, de disensiones de hermanos, en las interioridades de un país, de un Gobierno o de un partido, cuando la personalidad tiene sobre las circunstancias del momento altura y brillo individuales, que aislan el mérito, poniéndole bien lejos de las lluvias de dardos que casi siempre caen sobre la cabeza de los hombres públicos, en nuestras arduas y crespas democracias.

La justicia se hace definitiva, con la sanción inapelable del tiempo, y la Patria no ve sino los hechos meritorios que señalan en el recuento a los hijos preclaros y beneméritos. Colombia, entre todos nuestros países americanos, si ha sido caldeada por tantas hogueras de guerra y agitada por tantos contrarios huracanes de odios fraternos, de violencias luctuosas, ha sabido siempre tener el orgullo de sus élites, de la progenie que ilustra sus historias y fastos. Y tened por cierto, que en el futuro, cuando se hable de las energías memorables que se han dirigido en pro del verdadero progreso y del engrandecimiento de la patria colombiana, el nombre del general D. Rafael Reyes quedará ante los ojos de las generaciones futuras, en su definido, indestructible prestigio.


CANOVAS DEL CASTILLO

Medalla ocasional.