Asimismo profesaba al joven rey un afecto profundo y una lealtad inquebrantable. A la muerte de Doña María de las Mercedes, y cuando la reina Doña María Cristina llegó a ocupar su puesto en el trono de España como nueva esposa de Alfonso, Cánovas fué grande amigo de la Reina desde el primer momento. Y el anecdotario de esa época es copioso. Y no es la nota menos saliente el excelente humor del hijo de Isabel II, que gustaba de la broma, alegre y atrayente Borbón.
Cuéntanse en la corte muchas de esas anécdotas que no sabemos si quedarán más tarde confirmadas por algún Saint-Simon de la época.
Entre ellas, esta: Cuando la reina Doña María Cristina llegó a Madrid, y fué esposa de Alfonso XII, no hablaba casi español, y lo comprendía muy poco. Su real consorte era su profesor.
Un día le dice ella: «Deseo saludar a Cánovas con una frase española que le agrade, cuando venga mañana».
—«Bien—dice Don Alfonso—dile sencillamente: ¡Qué chispero estás, Cánovas!»
Al día siguiente, el primer ministro llega y se dirige a besar la mano de la Reina.
Y ella, arrastrando las erres germánicamente:
—«¡Qué chispeggo estás, Cánovas!»
No se dice lo que contestó el andaluz, pero sí que Alfonso tuvo para muchos días de buen humor.