En su mesa solía reunir, en la época a que se refieren las anteriores palabras, a algunos americanos. Sus preferidos eran el mejicano Riva Palacio, el argentino Quesada, el centroamericano de Peralta, y algún otro.
Siempre tiene extranjeros notables invitados.
Su mesa es de primer orden; aunque no iguale a la luculeana mesa de Castelar. Allí, al amor de los mejores vinos, se oye un alegre brotar de ideas, de ocurrencias, de alusiones, de anécdotas en que el anfitrión muestra toda su Andalucía, y doña Joaquina su Lima, su París y su Madrid. Y uno ve al vigoroso ministro, lleno de vida, con sus cabellos blancos, relampagueándole los ojos, gesteando como un dominador.
Y se explica que en el Palacio Real Su Majestad la Reina Regente se apresure a presentarle sus excusas después de un caso como ese de la salida al balcón.
Doña María Cristina no ha leído las cartas de Isabel de Francia.
20 mayo 1897.