Cuando el grito feroz
De los castigadores calló y el jefe odiado
En sanguinoso fango quedó despedazado,
Vióse pasar un hombre cantando en alta voz
Un canto mexicano. Cantaba cielo y tierra,
Alababa a los dioses, maldecía la guerra.
Llamáronle: «¿Tú cantas paz y trabajo?»—«Sí.»
—«Toma el palacio, el campo, carcajes y huepiles;
Celebra a nuestros dioses, dirige a los pipiles.»

Y así empezó el reinado de Tutecotzimí.

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