No hay que reir mucho de Margot si llora por el melodrama, y si viejas solteronas se enamoran de sus gatos. No hay que buscar el lado cómico de las Sociedades protectoras de animales. No debe ser ridiculizado ningún sentimiento de origen noble. Y el cariño hacia la naturaleza—paisajes, animales, flores o aguas—y las simpatías por las manifestaciones amables de ella, proclamarán siempre su origen generoso. Sin anonadar nuestra personalidad humana en la ataraxia de Zenón o la apatía epicúrea, tengamos la pasión del universo, la tendencia a nuestra unidad. Así como nada conforta tanto como la presencia de los bosques o la contemplación del Océano, nada suaviza más las asperezas del espíritu que la visión de una rosa en su tallo, o un pájaro sin trabas ni jaula, que salta y vuela por donde quiera, y canta sin inquietudes bajo el cielo. Quizás la luminosa alegría que nada podrá destruir en el alma de esta Galia feliz, viene de su simbólica alondra, maestra de libertad, amante de claridad, ebria de frescor y de canto matutino. Tengamos el amor de las rosas y de los pájaros, de las mariposas, de las abejas. Es un medio de comunicación con lo Universal, con la divinidad. Maeterlinck, en el libro admirable que conocéis, ha oído la iniciada voz de Virgilio:

Ese apibus partem divinæ mentis et hansitus.
Athereos dixere: Deum manque ire per omnes.
Terrasque tractusque maris, extumque profundum.

Nada más conmovedor que la petición que, hace algún tiempo, dirigieron al Congreso belga los miembros de un instituto de ciegos.

Sabido es que en ambas partes a los pájaros cantores, para que canten mejor, les sacan los ojos, sin duda acordándose del divino Melesígenes, que también supo ser armonioso sin los suyos...

En Bélgica hacen lo mismo, y esos ciegos del instituto han intercedido por los ojos de los pajaritos.

Yo sé que hay gentes que sonríen de todas esas cosas, que hallan todo sentimentalismo fuera de moda, y que juzgan nefelibatas a los que no se levantan todos los días con el único propósito de aumentar sus rentas por la buena o por la mala. Yo sé que hay muchas gentes que retorcerían con gusto el pescuezo a todos los cisnes del Caistro, y enviarían una buena perdigonada a los ruiseñores de las melodiosas florestas. Yo sé que en filosofía priva mucho actualmente la ferocidad, el egoísmo, la crueldad. Pero esos son nietzschistas furiosos y danzantes, ante los cuales iría yo a dar un abrazo al hombre que da de comer a los pajaritos...

PRIMAVERA APOLINEA