o al descenso tranquilo que iluminan serenas las horas
con astros por antorchas en la escala del regio crepúsculo.
Negros y rojos sueños en las noches postreras persiguen
a pastores de gentes que fueron tigres o lobos;
tarde de imperial púrpura al pastor verecundo y sin tacha
cívico arco de triunfo y el laurel y la palma sonante.
Y a quien también adora la beldad de las musas divinas,
visión de golfos de azur y los cines de Apolo.
Mira la augusta Patria de su vástago egregio la gloria;
la hornalla há tiempo viva hace hervir los metales simbólicos.
Yo, que de la argentina tierra siento el influjo en mi mente
«llevo mi palma y canto a la fiesta del gran argentino.»
Recordando el hexámetro que vibraba en la lira de Horacio,
y a Virgilio latino, guía excelso y amado del Dante.