el mareo sentir de vuestras rondas,

oh, lúbricas hetairas...! ¡Vuestro pelo,

en viperina contorsión, retoza

en los rápidos giros de la danza...,

y las sedeñas vestes en la alfombra...,

y la gloriosa seducción sin velos

que vuestros regios cuerpos aureola...,

y los senos recónditos, que emanan

arábigas esencias voluptuosas...,

y los besos que sangran..., y las sangres,