con otro goce más...! Que me aprisionan

otros brazos mejores, y otros ojos

más fúlgidos me queman... ¡Y en las ondas

del piélago supremo, en los arrullos

del abrasante amor, sentir ansiosa

la divina epilepsia del deleite,

con avidez frenética de loca...!

¡Venid! ¡Que ya mi ceñidor desciende!

¡Mi túnica está suelta; ya pregona

la pasión delirante...! ¡Me parece