de mis áridos labios con las pomas
humedosas de miel de vuestros pechos!
Que vuestras carnes, en sus tibias combas,
cual los poros sutiles de los pétalos
dan al insecto su embriaguez de aromas,
me den a mí su seductor perfume...
¡Toda la esencia de sus flores todas!
¡Todo el dulce rocío de sus cálices!
¡Todo el grato licor de sus corolas!
¡Y dormirme, ebrio ya...! ¡Siempre soñando