en un pujante resollar de forja,

y que son vuestros senos pebeteros

do eróticos perfumes se evaporan!

¡Volad, hijas de Zeus...! Que ya siento

calcinarse las frases en mi boca;

mi lengua se entumece, y es mi labio

un páramo. ¡La angustia, sudorosa,

me aprieta el corazón, tiembla en mis carnes,

me estruja la garganta y me sofoca...!

¡Venid a refrescar este desierto