»2. E quanto a dezir qual era es cosa dura, esta selva salvaje áspera e fuerte, que pensando en ella renueva mi miedo.
»3. Tanto era amargo que poco más es la muerte; mas por contar del bien que yo en ella fallé diré de las otras cosas que a mi ende fueron descubiertas».
Y más adelante:
«27. Pues eres tú aquel Virgilyo y aquella fuente que espandyo de fablar tan largo río, respondí yo a él con vergonosa fruente.
»28. O de los otros poetas honor e lumbre. Válame agora el luengo estudio e gran amor que me fiz buscer los tus libros.
»29. Tú eres el mi maestro y el mi actor, tú eres sólo aquel del qual yo tomé el fermoso estilo que ma fecho honor».
Y en el pasaje de Ugolino:
«1. La boca se levantó de la fiera viendo aquel pecador... etc».
Algunas veces, la mala copia del escribiente italiano hace cometer a don Enrique de Villena equivocaciones y traduce una cosa por otra. Pero en todo caso, su traducción es de un inmenso precio, no solamente para los eruditos, sino también para los críticos y poetas. Allí se ve el verdadero valor de ciertas palabras correspondientes a la expresión dantesca, y la necesidad de emplear hoy ciertos arcaísmos eficaces para transparentar la fuerza o la gracia del divino poema.