Tan descriptos están los monumentos, que no caben de ellos ya más que las impresiones. Diríase que el tourisme ha profanado todos los santuarios de la tierra en que la religión y el arte conservan sus reliquias y elevan sus plegarias. La agencia Cook borra todas las huellas sagradas e interrumpe las meditaciones de los fervorosos que aún quedan. Es un complemento del experimentalismo... Mientras admiro en el severo templo los vitraux de Van Oreley y de Frans Florís, hay unas cuantas personas que rezan en el más profundo y piadoso silencio; mas de pronto una tropa (¿tropilla?) de viajeros con cornacq hace su irrupción y se percibe que la gente que ora sufre con la entrada de la caravana. La voz del guía pronuncia en inglés con mediano tono de discurso: «Aquí tenéis el cenotafio de Juan II, duque de Brabante y de Margarita de York, 1312 a 1318; y enfrente el del archiduque Ernesto, gobernador general de los Países Bajos, etc...»

La vista del palacio de Justicia da idea de un aplastamiento; es un edificio de Babilonia; lo rechoncho en lo enorme; la gran corona que remata el monumento semeja la tapa de una colosal pieza de postre en una mesa de Brobdignac. Polaert, el arquitecto, pensaba poner en lo alto una pirámide hindú; sus planes no se pudieron llevar a la práctica por imposibilidad material, y se construyó un domo con estatuas. Se alaba mucho esta gigantesca ensalada de estilos: hay griego, egipcio, asirio, romano, romántico, renacimiento. A mi entender, es una creación semiyanqui que asombra por su tamaño, y que queda bien entre las cosas greatest in the world.

Prefiero ir a admirar el Mercado, esa obra maestra de la ferreteria moderna, que encontró un cantor magnífico y férreo en Huysmans, y en donde el metal domado une la solidez a la gracia y a la elegancia; trabajo ciclópeo y artístico que no se cita ni se recomienda en las guías.

¿Cómo no hablaros de la gloria municipal de Bruselas, el muñequito de bronce que ha llegado a ser un símbolo, y que, en ejercicio de una de las más prosaicas funciones fisiológicas, ha adquirido el cariño popular, renombre y honores, todo como un hombre? Como habrá muchos de mis lectores que no sepan lo que es el Manneken-Pis, trataré de decirlo en pocas palabras. Cuéntase que un noble ciudadano de Bruselas tenía un niño a quien quería entrañablemente, el cual niño desapareció un día sin que su padre, que lo hizo buscar por todas partes, diese con su paradero. Por fin, fué encontrado en la calle, y en una posición difícil de explicar si se guardan las conveniencias. Hacía... lo que un personaje de Rabelais para apagar incendios; no tanto como Sancho en una de las más bravas aventuras de Don Quijote...; lo que se dice en un usual latín después de Domine labia... Si con tantas indicaciones hay quien no haya comprendido, que haga el viaje a la capital brabanzona y vea lo que está haciendo Manneken-Pis.

En conmemoración del hallazgo, el padre del niño hizo elevar la estatua, que se atribuye a Duquesnoy. Después, ésta tuvo tanta fama como la de Pasquino en Roma. Fué robada dos veces y encontrada. Luis XV le concedió la orden del Espíritu Santo; en ciertas épocas la han vestido de guardia cívico; se la mezcla en política; una vieja solterona la dejó mil francos de herencia, como a un simple gato o perro, y la municipalidad paga a un valet de chambre, para que la cuide, 200 francos anuales.

No es demasiado. En todas partes hay hombres que en la política, las letras, las ciencias y demás disciplinas hacen cosas peores que Manneken-Pis, y tienen buenas posiciones y ganan pingües rentas.