Luego fué la gran campanada de la Chanson des Gueux, por el cual libro de versos fué llevado a la prisión de Sainte-Pelagie.
Después dejó París. «Otro quizá habría quedado aplastado, definitivamente vencido por la persistencia de su mala suerte; pero el vigor físico, en Richepin, venía en ayuda del vigor moral. Después de haber cantando a los gueux, no vaciló en serlo él mismo, y el rudo oficio de cargador en los muelles de Burdeos permitió al poeta esperar días mejores. Vuelto a París, pudo entrar en el Gil Blas y encontró una colaboración seria. Eso no era aún la gloria, pero sí la vida asegurada». Después fué cómico, con Sarah Bernhardt, en Nana Sahib, y luego fué célebre.
En las páginas sobre Sardou son de señalar las que tratan de su espiritismo. Sardou se apasionó de esos estudios desde la llegada del medium Homc. Conocidos son sus dibujos y sus escritos de ese género; ya se sabe que todavía persevera en sus creencias y en sus experimentos. En cuanto a su estreno teatral, fué con la Taverne des étudiants, y la historia de esa comedia es de lo más interesante y sugerente.
A Jules Lemaître, hoy perdido en los laberintos obscuros de la política, la suerte le vino por el lado del normalismo. En la Escuela Normal se inició en las letras, y hasta escribió versos, no completamente católicos.
Qui ne la connaissait, hélas!
Aux bons endroits du Boule-Miche?
Mon Dieu! comme elle parlait gras
Et buvait sec la pauvre biche!
O Nini,
N, i, ni,