Otro venezolano aún, Pedro César Dominici, una de las más activas y abiertas inteligencias de su país, publicó el año pasado una novela, La tristeza voluptuosa, de innegable valor psicológico, aunque torturada de descuidos de forma; que no tendrían en absoluto excusa por ser voluntarios.

Bolivia tiene un representante en el joven poeta Franz Tamayo, autor de un libro de Odas muy meritorias que se dirían calcadas en Hugo. Este culto talento, cuyo solo contrapeso está en la difícil digestión de unas cuantas filosofías y variedad de erudiciones, honrará, si su voluntad persevera, al pensamiento de su patria, ya glorioso en el mundo de la nueva poesía, con el solo nombre de Ricardo Jaimes Freyre.

Argentino es el señor Soto y Calvo, autor de picantes páginas de viajes, y que por su mentado Nastasio ha juntado a lo que la naturaleza le dió lo que Salamanca le presta. Los méritos poéticos del señor Soto y Calvo han sido revelados a nuestro público por el sabio rector de la Universidad salmantina, ¡mozo jinetazo ahijuna! que no halla inconveniente es estudiar a un tiempo la patrología griega y ser el escoliasta de Martín Fierro o Anastasio el Pollo.

Argentino asimismo es Manuel Ugarte, joven cuyo talento ponderado y buscador ha logrado la realización de más de una bella joya de arte. Su sobriedad le ha impedido los pasos en falso, las caídas icarias. No tiende sino hasta donde sus fuerzas le alcanzan y el pegaso, en los vuelos precisos, jamás se ha dislocado un solo hueso. Su vaso es pequeño; pero cuando lo necesita, se fabrica otro más grande, y bebe así en sus dos vasos. Sabe lo que se propone, y el cielo de París le ha alentado en sus deseos. Sus versos son siempre gratos; bellos algunas veces. Busca la originalidad y se aparta de la extravagancia. En prosa es claro y pictórico cuando describe. Es socialista, y aun creo que en el fondo de sus voliciones, anarquista:

Y argentino Angel Estrada, cuyo libro El color y la piedra tanta agitación causó con su aparecimiento en Buenos Aires. Como el Dr. Cané, no pocos hemos sido los que hemos visto como un signo de vida nueva en la juventud argentina—yo digo en la juventud americana—el hermoso aparecer de este joven talento, cuyo libro primigenio tiene todo el color y la gracia del primer fruto de un árbol sano y gozoso de savia. Generoso temperamento ante la naturaleza, espíritu religioso y al propio tiempo dueño de la libertad del arte, ha viajado mucho, y en todos lugares, los paisajes de la tierra, las luces del cielo, las armonías de las cosas le han hecho vibrar como un instrumento acordado, y el don de Dios ha hecho fluir la digna idea en noble ritmo, en la música de la palabra. Ya conocido en nuestro mundo intelectual por su poema especular, en que el alma de Rodenbach se romantiza en la emoción lírica de una juventud coronada de sueños, su obra en prosa vino a asentar la fuerza de su pasión artística, la discreción aristocrática de su buen gusto. Nuevas poesías han brotado al influjo de climas diversos, y nuevas páginas de impresiones y de recuerdos, mentales y sentimentales.

Las prosas cantan en su música interna de ideas y evocaciones más sutilmente aún que en sus cuerdas de palabras; son las hermanas de los versos, educados ambos por la misma voluntad paternal, en un cuidado de armonía y en un anhelo de ascensión que se diría tienen las mismas voces y las mismas alas. Mayor sobriedad, el desdén de la preocupación puramente «artística», y que asoma con más frecuencia, apareciendo entre la riqueza del décor, el alma sincera y fresca del poeta, que sabe la inmensidad de su virtud íntima y tiene el orgullo de su tesoro—, orgullo que no se muestra más que benévolo en el don de su primavera.

Todos estos escritores y poetas que he rápidamente nombrado, y yo el último, vivimos en París; pero París no nos conoce en absoluto, como ya lo he dicho otras veces. Algunos tenemos amigos entre las gentes de letras; pero ninguno de estos señores entiende el español. El Mercure abrió la rubrique de letras hispanoamericanas, hoy desaparecida por un extremado cosmopolitismo, y M. Finot, director de la Revue et Revue des Revues, al encargarme un estudio sobre el movimiento intelectual argentino, fué franco en no ocultarme que tomaba el asunto casi como perteneciente al folk-lore. Así, de la literatura malaya se pasa a la literatura dominicana o a la poesía de las islas Fidji. Desgraciadamente todo es cuestión de moda. Hace algunos años todo lo ruso privaba y luego lo escandinavo. Se hizo una estación en Italia con D'Annunzio y la Serao, y hoy se grita ¡Vive la Pologne Monsieur! a causa del fatigante y asenderado Quo Vadis? A nosotros no nos ha tocado aún el momento; y mucho es que el poeta Díaz Romero encuentre su prosa traducida en revista como el Mercure, a propósito de Albert Samaín. Cuando uno piensa que hace más de dos meses que Bjorsterne Bjornson se encuentra en París y que si no fuera un grupo de naturistas y otros entusiastas que han pensado en hacer representar una obra suya, nadie sabría que el pobre grande hombre está en la enorme capital...