—»Abrir una culata no es dañar a nadie.
—»Más tarde se me habría dado un fusil; un fusil sirve para matar, como el hierro del arado sirve para cultivar la tierra.
—»En fin, no teníais que discutir; se os daba una orden.
—»Sobre mis superiores, que son hombres, está el Cristo.
—»Por último, ¿no queréis ir a la guerra?
—»No.
—»¿Aceptáis, al menos, someteros a la ley?
—»No para matar. Que se me ordene hacer otra cosa.
—»¿Haríais lo que se os mandó, abrir las culatas, ahora?
—»Querría prometer, pero no cumpliría. No podría cumplir. Esto no es insubordinación, es sumisión a mi conciencia.»