En verdad, es una santa. El tota in utero se convierte toda en espíritu. Para ella no existieron los goces de la carne. A su hermano tocaron las tempestades de la duda, las negruras de la incertidumbre y la furia misteriosa de los sentidos, la savia pánica. «Yo he anudado mis brazos alrededor del busto del centauro y del cuerpo del héroe y del tronco de las encinas. Mis manos han tocado las rocas, las aguas, las plantas innumerables y las más sutiles impresiones del aire.» Sobre la floresta sonora en que Mauricio se compenetra con el monstruo divino, como la paloma blanca de las leyendas sagradas, el alma de Eugenia voló al cielo.

ARTHUR SYMONS «RETRATOS INGLESES»

ARA el público nuestro habré de decir que Arthur Symons es un poeta y escritor inglés. Su obra es ya considerable. Comienza a ser conocido en Francia gracias a recientes traducciones, no obstante el haber sido desde los buenos tiempos del simbolismo amigo y propagador de Verlaine, de Mallarmé, de Verhaeren, de los iniciadores de aquel movimiento. Él hizo pasar el Canal de la Mancha al Pauvre Lelian, para dar conferencias que le valieron algunas libras. Verlaine no olvidó nunca a su amigo inglés, y, ya en sus últimos años, recuerdo que escribió un estudio sobre un volumen de poesías en que Symons rima cosas de Francia.

Para mí, Symons es atrayente desde que, hace años, me entusiasmaron sus esfuerzos por la Belleza en su inolvidable Savoy, el magazin intelectual tan refinado que él dirigía, acompañado por aquel prodigioso artista que se llevó la muerte demasiado temprano, y que tuvo por nombre Aubrey Beardsley. En esa publicación leí por primera vez prosas y versos de Symons, el cual llevó a colaborar en su revista a lo más brillante de la juventud literaria del momento. El mismo Aubrey Beardsley publicó allí los capítulos de su inconcluso y deleitosamente alucinante Under the hill; y sus dibujos allí aparecidos junto con los del Yellow Book, están entre los mejores de toda su producción. Esas revistas excepcionales, para un público restricto, no podían tener larga vida. Hoy se las disputan los coleccionistas.

La traducción que acaba de hacerse en francés de los Portraits de Symons, pone de actualidad esa simpática figura de aristócrata del arte,—aunque estas dos palabras parezcan una redundancia, una vez que el arte es excelencia y por lo tanto aristocracia. ¿Se ha de llamar crítica a las opiniones y maneras de ver de un poeta? Pasa la palabra porque no hay otra para la comprensión de la generalidad. Los «Retratos Ingleses» están hechos con una intensidad que llama a la admiración, y que no recuerdan otras maneras e interpretaciones anteriores. Es que Symons, por la virtud de su genio poético, se compenetra con el alma de los modelos, y va a buscarles, él sabe en qué rincón de sus florestas mentales, cuervo, paloma, unicornio o león.