Así, abandonando los pantanos primitivos donde vivían los monstruosos saurios de las viejas edades, ciertas especies han, poco a poco, ganado la tierra firme, se han cubierto de pelo, y de ellas han salido las razas mamíferas. Pero las especies fraternas que habían permanecido en los pantanos no dejaron de transformarse menos en el sentido del progreso, y entonces, ¿qué de extraño hay en que una o varias de ellas hayan llegado, como la especie humana, hasta la posesión de un cerebro dotado de razón y de inteligencia, punto culminante del progreso que nos es permitido concebir para un ser viviente?
En resumen; queda casi afirmada la existencia del antroposaurio, rival único del primate triunfante, del rey de la creación. Mas ¿dónde existe el antroposaurio? «Quelque part il y a quelque chose», dice el miembro del Instituto. Y entrega al autor un manuscrito, encontrado cerca de los hielos polares entre una lata de gasolina—, como el de un cuento de Poe fué encontrado en una botella.
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En el manuscrito cuenta un tal Vénasque las más raras aventuras. Después de una introducción sobre los antecedentes familiares y su modo de ver y de pensar, presenta a un su amigo llamado Ceintra, ingeniero, preocupado del problema de la navegación aérea. Ambos se proponen construir un dirigible con el cual pueden ir nada menos que a descubrir el Polo—, anticipándose así a los proyectos de la expedición Wellmann, de que tanto se ha hablado últimamente. Se ensayó un primer globo cerca de París. Para el segundo se pensó en un lugar cercano a las regiones árticas, «a fin de que las condiciones climatéricas durante las experiencias y durante el viaje fuesen las mismas». Escogieron Kabarowa, aldea samoyeda, al Sur del estrecho de Yugor, a la entrada del mar de Mara, último lugar habitado que vió Nansen antes de internarse entre las nieves polares.
Para abreviar detalles: el dirigible dió buen resultado y ambos amigos se embarcaron con rumbo a lo desconocido. Después de pasada una vasta región glacial, se encuentran conque la temperatura desciende. Y, primera sorpresa extraordinaria, entran en la verdadera parte polar de la tierra, en donde el día, según lo advierten, es de color violeta. Descubren aspectos extraños, vegetaciones distintas a las conocidas. El paisaje no tenía verdaderamente nada de terrestre. Y fué mucho peor cuando, de pronto, el manto de bruma que cubría el horizonte se desgarró y el sol del Polo apareció en el extremo de la llanura, inmenso y semejante a un escudo de metal empañado; el poder del dueño de la Tierra parecía aquí aniquilado por el de la singular fuerza luminosa que había invadido el cielo; ningún rayo emanaba de él, y se veía en la claridad violeta como una luciérnaga bajo el brillo de una lámpara de arco. A esa luz misteriosa perciben el vuelo de no conocidos pájaros. La influencia de un gran peso de ondas eléctricas se reconoce en el ambiente. Quieren huir, pero no pueden mover el globo, a pesar de funcionar bien el motor; y la barquilla, que tiene gran parte acerada, es atraída por un enorme imán, como el del cuento de Simbad. Por de pronto, los viajeros viven de sus provisiones, y tienen de ellas copioso depósito. Se convencen, con todo, de que son prisioneros de seres inteligentes que les rodean sin dejarse vencer por ellos.
En la tierra encuentran huellas de un animal ignorado. La arcilla suave y flexible había netamente guardado la huella del paso de un animal... Un paso aquí, otro allá... tiene el aspecto de una huella de bípedo, o, mejor, de un animal que utiliza únicamente para caminar sus miembros posteriores y su cola: algo como un kanguro... ¿Se trata del iguanodon...? Quizá hay rebaños de iguanodones, de iguanodones domesticados... Como el lector comprende, el antroposaurio va a aparecer. Han encontrado, en ciertas rocas, o en la tierra, puertas metálicas. Han oído ruidos subterráneos. Y luego, se dan cuenta de que les han robado varias piezas del motor. Advierten que la luz especial que allí forma el día es producida a voluntad. Por fin, un ser, el «ser» de esos lugares, se deja ver. «Desde que hube observado ese cráneo extremadamente desarrollado, hipertrofiado en partes, y como hinchado de un exceso de cerebro; desde que, sobre todo, los grandes ojos iluminados de un reflejo interior, se fijaron en los míos, comprendí definitivamente que esa criatura estaba dotada de razón.
»Pero el aspecto del monstruo no recordaba en nada el del hombre. Estaba acurrucado sobre sus miembros posteriores, y debía andar apoyándose en su fuerte cola; sus brazos grotescos y cortos, en lugar de caer en el reposo, a lo largo de los costados, parecían restos de manos, sino dedos unidos directamente a los puños, dedos desunidos y larguísimos, más largos que los brazos, al parecer, y semejantes a tentáculos. Sobre, la cara, nada de pelos; una piel descolorida y pálida que me hacía pensar en una cabeza de ternero pelada. Los ojos redondos, ligeramente salientes y metidos, sin párpados visibles en las órbitas prominentes. En lugar de nariz, dos hoyos profundos de donde salía vapor; abajo, la raja desmesurada de una boca de reptil provista de muchos dientes agudos que no llegaban a cubrir los labios delgados y córneos. En las comisuras de los labios, que se juntaban casi a las orejas movibles y minúsculas, salía un poco de saliva. El mentón no existía, o desaparecía bajo los lisos repliegues de pellejo blando que había sobre el cuello y la parte superior del tronco. Después, por dos veces, los párpados se agitaron, y velaron un instante los ojos, blancos, tenues, casi diáfanos, como los de las serpientes o de los pájaros».
Poco a poco, Vénasque llega a hacerse vagamente comprender por señas de algunos de los monstruos. Mas el ingeniero Ceintras se vuelve loco, y, una vez que han podido penetrar en el imperio subterráneo de los habitantes del Polo, si Vénasque tiene tiempo para observar un sistema de gobierno, una ciencia y una vida social singulares, su compañero, armado de una carabina, asesina una cantidad increíble de antroposaurios; el paso de los dos humanos ha sido una catástrofe en ese mundo recóndito. El loco se pierde entre los hielos, una vez salido de las entrañas de la tierra; y Vénasque puede aún escribir su relación antes de la inevitable desaparición. Ese es el resumen de la obra.
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