La bouche de la primavère
S’ouvre et reçoit le saint rayon;
Je regarde la rose faire
Sa première communion.
Maeterlinck, por su parte, observa la íntima volición de las vegetales familias, sujetas a la tierra, mas sin embargo, conmovidas por la universal ley de fecundación y de vida. Él no trae nada nuevo, como lo ha advertido; mas de hechos conocidos en botánica él saca consecuencias que hacen meditar, une con una suerte común el alma de las flores con el alma de los hombres... Saint Pierre, el dulce e ingenuo Saint Pierre, aplicaba a tales asuntos sus inofensivas filosofías. Mas ya hay distancia entre el seráfico abuelo y el creador enigmático de Tintangiles, de Maleine, explorador sombrío de lo desconocido, de la muerte, del ensueño, de la previsión, del azar, del destino.
Es después del descenso repetido a la más obscura y temerosa de las minas del cerebro, que viene el místico moderno, a inclinarse en observación sobre el cáliz de una rosa, sobre la blancura de un lirio. Y a vislumbrar en el fondo de todos esos deliciosos aparatos, una luz de probabilidad consoladora, en el perpetuo enigma en que se agita la humanidad desde lo recóndito del tiempo.