que arrastran la victoria donde al amor convida

la faz de la morocha más linda de esta tierra.

El coche se perdía camino de Palermo,

cuando miré a mi lado, sentada en su cupé,

a una divina rubia que, como un niño enfermo,

tenía triste y pálida su faz de rosa te.

De esta visión porteña quedó en mi mente escrita

la página vibrante que es hoy una canción

a tus azules ojos, celeste Margarita,

a tus miradas negras, hermana de Mignon!