Brilla en tu alma una estrella nórdicamente pura,

y en la blanca beldad de tu egregia escultura

una maravillosa virtud de amor se fragua

que ha encendido una chispa del sol de Nicaragua.

Que bendecida sea la parisiense hermosa

que hechizará allí lejos, como una rubia hada,

al pica-flor de fuego y a la garza de rosa

con el místico azul de su tierna mirada.

Entre vivas fragancias tendrás a Pan sumiso;

por ti será más bello el lago de cristal,