la aurora de mi tierra, ave del paraíso,

y el poniente del trópico un gran pavo real.


Divina Psiquis, dulce mariposa invisible,

que desde los abismos has venido a ser todo

lo que en mi ser nervioso y en mi cuerpo sensible

forma la chispa sacra de la estatua de lodo.

Te asomas por mis ojos a la luz de la tierra

y prisionera vives en mí de extraño dueño: