o palpite tu corazón.

Adivinando a Dios, o al dios

que en tu mente y en tus sentidos,

por el dulce enigma de dos,

te dé el secreto de los nidos.

Seas emperatriz futura

y un corazón sea tu imperio,

por la beldad de tu ternura

y el cetro de tu cautiverio.

Y versos dulces sean dichos