Así León Bloy dibujaría una de sus viñetas arcaicas, a imitación de los viejos maestros alemanes. Macario conversa con los peregrinos, después de reconocer en ellos a hijos y ministros de Dios, y les aconseja no proseguir en su intento de llegar al Paraíso.

El mismo ha querido hacer el viaje: lo ha hecho: ¡está tan cerca aquel lugar de delicias donde vivieron Adán y Eva! veinte millas, no más. Pero allá está el querubín con una espada de fuego en la mano, para guardar el árbol de la vida: sus pies parecen de hombre, su pecho de león, sus manos de cristal. Macario recomienda sus huéspedes a sus dos leones: «Hijitos míos, esos hermanos vienen del siglo a nosotros: cuidado con hacerles ningún mal.» Cenaron raíces y agua; durmieron. Al siguiente día ruegan a Macario que les narre su vida. Nuevos y mayores prodigios.

Macario, nacido en Roma, cuenta cómo dejó el lecho de sus nupcias, la propia noche de bodas, para consagrarse al servicio de Cristo.

Guías sobrenaturales, milagrosos senderos, hallazgos portentosos; todo eso hay en la vida del anciano. También él, perdido en el monte, tuvo por compañero a un onagro maravilloso, después de ser conducido por el arcángel Rafael; muéstrale el sendero que debe seguir luego un ciervo desmesurado; frente a frente con un dragón, el dragón le llama por su nombre y le conduce a su vez, mas ya transformado en un bellísimo joven. Halló una gruta y en ella dos leones, que desde entonces fueron sus compañeros. Esos dos leones escoltaron como pajes, un buen trecho, a los peregrinos, cuando se despidieron del santo eremita.

Al tratar de los demonios y sus costumbres, en las «Vidas», Fra Domenico es copioso en detalles. Deben haber consultado sus obras los Bodin, Gorres, Sinistrari, Lannes, Sprenger, Remigius, del Río, para escribir sus tratados demonológicos. En la vida de San Antonio Abad toma el Bajísimo formas diversas: ya es una mujer bellísima y provocativa; o un mozo horrible; o surge el diablo en forma de serpiente; y fieras, leones fantásticos, toros, lobos, basiliscos, escorpiones, leopardos y osos, que amenazan al solitario en una algarabía infernal. Después en otro capítulo, explícase cómo los demonios pueden venir en forma de ángeles luminosos, y parecer espíritus buenos. San Antonio cuenta de cuantas maneras se le aparecieron: en forma de caballeros armados, o de fieras o monstruos; de un gigante y de un santo monje. San Hilarión les oye llorar como niños, mugir como bueyes, gemir como mujeres, rugir como leones. San Abraham mira a Lucifer en su celda en medio de una maravillosa luz, o en forma de hombre furioso, de niño, de una agresiva multitud. A San Macario le tienta en figura de preciosa doncella, ricamente vestida. A San Patricio le arroja a un fuego demoníaco, del cual se libra por la oración. Pero casi siempre es en forma de mujer, o por medio de la mujer que Satán incita, pues según dice con justicia Bodin: «Satán par le moyen des femmes, attire les hommes a sa cordelle.» Y es probado.

Lo que se presenta con especial y primitiva gracia en las «Vite» son las adorables figuras de las santas. Semejan imágenes de altar bizantino, de vidrieras medioevales; la virgen Eufrasia; Eugenia, mártir; Eufrosina que vivió en un monasterio con hábito masculino, como murió Palagia; María Egipciaca, dulce pecadora que va a Dios y resplandece como una estrella en el cielo de la santidad; Reparada, que cambia en agua fría el plomo derretido y entra al horno ardiente y sale intacta.

Al acabar de leer la obra de Fra Domenico Cavalca siéntese la impresión de una blanda brisa llena de aromas paradisíacos y refrescantes. Hay algo de infantil que deleita y pone en los labios a veces una suave sonrisa.

Todas las literaturas europeas tienen esta clase de escritores—hagiógrafos o poetas,—por desgracia hoy demasiado olvidados e ignorados.—Raro es un Rémy de Gourmont que resucite y ponga en maravilloso marco las bellezas del latín místico de la Edad Media, por ejemplo. No son muchos—no digo entre nosotros; eso es claro—los que conocen joyeles como las «Secuencias» de santa Hildegarda, y otros tesoros de poesía mística antigua. Alemania posee el «Barlaam» y «Josaphat», el cántico de San Hannon, etcétera. Tieck intentó que la poesía alemana de su tiempo se abrevase en las límpidas aguas de Wackenroder y otros autores de su tiempo. Fué un precursor de Dante Gabriel Rossetti, del prerrafaelismo; y sufrió por sus intentos más de una picadura de las abejas de Heine.