El poeta.—He recibido el don del sufrimiento y así he llegado a ser poeta.

El rey.—Así, pues, ¿el don del sufrimiento es necesario al poeta?

El poeta.—Para mí fué necesario; pero hay otros a quienes ha sido concedida la alegría, la fe o la duda.

El rey.—¿Aun la duda?

El poeta.—Sí; pero es preciso que sea la duda de la fuerza y de la salud.

El rey.—¿Y cuál es la duda que no sea la de la fuerza y de la salud?

El poeta.—Es la duda que duda aún de su duda.

El rey.—Paréceme que eso debe ser la muerte.

El poeta.—Es más horrible que la muerte misma: son las tinieblas profundas», etc.

La «Comedia del Amor» marca el humor fino que hay también en Ibsen, siempre a propósito de errores sociales; y es una puerta de libertad, abierta al santo instinto humano de amor.