Después llegó a mis manos, en el «Mercure de France», un poema simbólico y extraño, de un sentimiento profundamente pagano, hondo y audaz. «Sagramor» y «Belkiss» me hechizaron luego.
«Sagramor» comienza en prosa, en la prosa musical y artística de de Castro. Sagramor es un pastor al principio. Luego, caballero, recorrerá todas las cimas de la vida, en busca de la felicidad. Goza del amor, de las grandezas mundanas, de la variedad de paisajes y cielos, de las victorias de la fama: Como un eco del Eclesiastés debía repetirle a cada instante la vanidad de las cosas humanas. ¿Qué le consolará de la desesperanza, cuando ha hallado polvo y ceniza? Ni la ciencia, ni la luz del creyente, ni la voz de la triste Naturaleza. Hay una virgen fiel que podría salvarle y acogerle: la Muerte; pero la Muerte no le abre sus brazos. A través de soberbios episodios, en mágicos versos, desfila una sucesión de visiones y de símbolos que va a parar al obscuro reino de la invencible Desilusión, a la fatal miseria del Tedio. En lo más amargo del desencanto, Sagramor quiere consolarse con el recuerdo de su primera y dulce pasión, Cecilia, que apenas surge un instante, «creatura bella bianco vestita», y desaparece. Oid las voces que llegan de tanto en tanto, a invitarle al goce de la existencia:
PRIMERA VOZ
O viandante que estáis llorando, ¿por qué lloras? Ven conmigo; reiremos cantando las horas. ¡Ven, no tardes; yo soy el Amor; quiero dar alas a tus deseos! ¡De lindas bocas, copas en flor, beberás dulces, suaves besos!
SAGRAMOR
¿Besos...? Los besos, hojas vertiginosas, son venenos. Deshojan rosas sobre las bocas, pero abren llagas en el corazón...
SEGUNDA VOZ
He aquí oro, llénate de oro, toma, no llores... Con los ducados de este tesoro, tendrás palacios, gemas y flores... Mira, ve cuán rubio es el oro y cómo resplandece...
SAGRAMOR
¿Oro...? ¿y para qué? La Felicidad no la vende nadie.