MUCHAS VOCES
¿Quieres los más raros, los más dulces placeres? ¿Quieres ser estrella, quieres ser rey? Responde. ¿Qué quieres?
SAGRAMOR
No sé... No sé...
Un delicado poema suyo:—«La Monja y el Ruiseñor», que dedicó a su amigo el conde Robert de Montesquiou-Fezensac,—otro exquisito de Francia. Os traduciré fielmente esos preciosos versos.
De los argentinos plátanos a la sombra
La linda monja, que antes fuera princesa,
Deja vagar sus ojos por el paisaje...
Vese el monasterio, a lo lejos, entre las hojas...
Allá, en un balcón que domina las aguas,
Las otras monjas ríen, contemplando
El polífono mar, tan agitado,
Que de las olas los límpidos aljófares
Sobre la tela de los hábitos cintilan,
Dando a aquellas pobrecillas el aspecto
De reinas que se divierten en una boda.
La princesa real, que se hizo monja,
Que una corona trocó por cilicios,
Y las fiestas por la dulce paz del claustro,
Lejos de las compañeras sonrientes
Jamás a las diversiones de ellas se junta.
Cuando no duerme o reza, su vida
Es vagar por el encierro,
Tan ajena a sí misma, tan suspensa
Cual si las nieblas de un sueño atravesase...
La monja piensa...
Un día, siendo novicia,
Al despertar, sus claros ojos vieron
Cerca de sí un ruiseñor dulcísimo
Que le dijo: