Una sucesión de escenas fastuosas se desarrolla al eco de una wagneriana orquestación verbal. Puede asegurarse sin temor a equivocación, que los primeros «músicos,» en el sentido pitagórico y en el sentido wagneriano, del arte de la palabra, son hoy Gabriel D’Annunzio y Eugenio de Castro.
Quisiera daros una idea de ese poema—que ha rendido la indiferencia oficial en Portugal,—donde a los veintisiete años ha sido su autor elegido miembro de la Real academia de Lisboa, y que ha arrancado aplausos fraternales en todos los puntos del globo en que existen cultivadores del arte puro. Mas tendría que ser demasiado profuso, y prefiero aconsejaros, como quien recomienda una especie rara de flor, o un delicioso licor exótico, que leáis Belkiss, en la versión de Picca, en italiano, que es de todo punto admirable, o, en el bello librito arcaico impreso en Coimbra por Francisco Franca Amado. Y tened presente que hay que acercarse a nuestro autor con deseo, sinceridad y nobleza estéticas. Os repetiré las palabras del crítico italiano: «Ciertamente, la poesía de Eugenio de Castro es poesía aristocrática, es poesía decadente, y por lo tanto, no puede gustar sino a un público restricto y selecto, que, en los refinamientos de las ideas y de las sensaciones, en la variedad sabia y musical de los ritmos, halla una singular voluptuosidad del espíritu. El común de los lectores, acostumbrados a los azucarados jarabes de los poetitas sentimentales, o solamente de gusto austero y que no aprecian sino la leche y el vino vigoroso de los autores clásicos, vale más que no acerquen los labios a las ánforas curiosamente arabescadas y pomposamente gemadas de los cantos ya amorosos, ya místicos, ya desesperados del poeta de Coimbra; ya que en ellos está contenido un violento licor que quema y disgusta a quien no está hecho a las fuertes drogas de cierta refinada y excepcional literatura modernísima.»
Se trata, pues, de un «raro.» Y será asombro curioso el de aquellos que lean a Eugenio de Castro con la preocupación de moda de los que creen que toda obra simbolista es un pozo de sombra. «Belkiss» está lleno de luz.
Señores: He concluído esta conferencia sobre el poeta Eugenio de Castro y la literatura portuguesa.