EL ESCULTOR ARGENTINO IRURTIA

ONSIEUR Irurtia: La concierge me conduce, en un patio en que se ve mucho cielo y medran tupidas enredaderas, que el mes ha deshojado, a la puerta del taller que busco.

Entrez!

El artista argentino, con sus manos llenas de la tierra del trabajo, sus cabellos revueltos, su barba crecida, su cuerpo robusto que envuelve la larga blusa, el gesto amable, la sonrisa hospitalaria, me acoge.

La modelo no ha dejado la tarima. Su bella plástica, acostumbrada a la visión de tantos ojos, queda tranquila ante la contemplación de un artista más. Yo ruego al escultor amigo que no interrumpa su tarea, y por largo rato gozo del espectáculo que no me cansaría nunca. Ver crear, ver surgir la forma expresiva, alma inmóvil de la materia, entre las manos de un obrero intelectual, es hermoso.