Otra: bandera italiana, vivos colores. En el centro, entre dos escudos ornados de olivo, y coronados por la corona real, los soberanos. Abajo, compases de la Marcha Real.
Chillona, ultrapopular, otra, entre el escudo italiano y otro con la R. F. enlazadas sobre haces y dos banderas francesas, una pintoresca Italia, de faldas rojas y corpiño verde y una no menos pintoresca Francia, de falda verde, corpiño rojo y gorro frigio, con el pabellón, se dan la mano sobre el retrato pésimo del rey. Abajo: «París, Octubre 1903.»
Otra criarde: sobre un vago continente, en que se distinguen bien la bota de Italia y Francia, flotan dos grandes pabellones, y sobre los dos grandes pabellones, un águila con las alas abiertas y una corona de olivo en el pico, une las dos astas. Retratos de Loubet y Vittorio Emanuele, bajo una composición blanco y negro, que representa un paisaje, una villa y tres soldados de la guerra de Italia. Arriba: «1859» y á un lado: «Solferino, Magenta.»
Retratos de los reyes y M. Loubet, armas de Italia, una testa de león, y, sobre todo, abrazadas las dos naciones hermanas, que semejan dos modistillas. El presidente y el rey. A un lado, armas de Saboya, corona, haces, ramo de olivo, monograma de la República Francesa, y arriba el gallo galo, lanzando un orgulloso cocorocó. En el fondo, sobre un resplandor solar, Liberté, Egalité, Fraternité. Hay otra con idéntico motivo, pero con distinta colocación de detalles. Un rey y un presidente, en altorrelieve coloreado, y que parecen bons-hommes de pim pam pum, se estrechan seriamente la diestra. Arriba, los correspondientes escudos. Un lamentable busto del monarca, entre dos banderas de las sororales naciones, sufre el aspergeo de flores de una República de buenas carnes. En el zócalo: «A Víctor Emanuel—Octubre 1903.»
—Retratos del rey, la reina y el presidente, sobre un confuso dibujo que significa á M. Loubet presentando á la reina á las mujeres de Francia. Esto entre dos muñecas que asen sendos ramos de olivo. Leyenda: Dediée par les fammes de France.—A sa majesté.—La reine d’Italie.
No cuento los innumerables clisés fotográficos reproducidos, con la figura de sus majestades, como los de Toppo, de Nápoles, y Brogi, de Florencia; y los bustos, con escultograbado. Pero ellos han popularizado la imagen del rey, y hecho admirar la belleza de esa reina, por todos puntos encantadora.
Las que se refieren á la llegada de los soberanos son asimismo variadísimas, aunque, por lo común, de muy escaso mérito; pero repito que se trata de expresiones populares, y no de trabajos artísticos. En una, de movimiento, tirando de un cartoncito, M. Loubet, que está ante el tren real, en compañía de M. Combes y del general André, se inclina en un respetuoso saludo, mientras aparece el rey por una portezuela, y un letrero en otra: «Viva Víctor Emanuel III.» En otra, tirando del susodicho cartoncito, rey y presidente se saludan y se dan un abrazo.
Hay una scie reciente, en París, tan tonta como todas: T’en as un oeil! Eso no quiere decir nada y se aplica para todo. Es un término de compadrería parisiense. He aquí una tarjeta que se llama T’en as un Macaroni. La cabeza real surge de un montón decorativo de macarroni. C’est bete; pero á la gente le gusta. Una serie presenta la llegada, la rue Royale, en Versalles, la comida de gala, y la revista, en muy feos monos pintarrajeados. No hay ni gracia, ni intención, ni nada; pero eso se vende. El automovilismo tiene su parte. Rome-Paris—Plus d’Alpes! Eso indica un camino nevado, en la cordillera alpina, y un grupo de aldeanos que saludan al paso de un auto en que viene el deseado Vittorio Emanuel. Es un fotograbado. En otro automóvil, y parodiando el número sensacional de un ciclista de café-concert—«la flecha humana»—llegan los reyes por un plano inclinado, á dar el gran salto. El presidente, risueño, les espera con los brazos abiertos, teniendo al lado un contrahecho Delcassé. Eso se llama La fleche royal. Y la aerostación: en dos globos, sobre barquillas de fantasía, y en trajes chillones, presidente y presidenta, rey y reina, contemplan una revista de tropas.
Hay otras, sin mayor chiste, que circulan también en profusión. Vittorio Emanuel desciende del tren, con dos cajas de macarroni y su valija, y el presidente le sale al encuentro, con un Delcassé chico que le tira de los faldones, y un general André largo, que lleva una botella de pernod. Abajo: Viens, totor, viens, y, T’en as un oeil. Menos mal hecha otra, ofrece á un Delcassé marmitón ante una cazuela de macarroni, de la cual saca dos que rematan en las testas del rey y del presidente. Ese está bautizado: La bonne cuisine.
Conocida es la sonrisa habitual del jefe de la República francesa. Helo aquí, recibiendo en la estación al amado primo, que llega vestido de bersaglieri, y como le encuentra más sonriente aún que él: Ah mince alors! Tu l’as le sourire!! Tras el presidente, Delcassé, amarillo, le lleva el sombrero, y André, negro y rojo, presenta la espada.