No podía dejar de aparecer el cuento de la tiara de Sait Aphernes. En una tarjeta, al darse la mano, le dice el rey á M. Loubet:—¡T’en as une tiare! En efecto: el excelente señor está casqueado de oro con el famoso artefacto.

No falta el Loubet vestido de mujer, en las rodillas del rey, abanicándole con el abanico de la Paz, mientras él se fuma un gordo habano. El autor de la caricatura ignora que el rey de Italia no fuma.

Aquí M. Loubet recibe al rey y á la reina; Delcassé lleva la cola del traje real. André sonríe. Y arriba inscripciones: «¡Evviva Francia! ¡Evviva Italia! ¡Evviva Napoli! ¡Evviva Garibaldi!» Lepine, con un gran palo, guarda el orden ...

Ved ésta: el rey, con su gran penacho, va á ver á M. Combes: Pour vous ma premiére visite: merci mille fois, mon cher, de mavoir envoyé les Chartreux. C’est un tresor inespére pour l’Italie, et pour moi! En otra, dos muchachonas mal esculpidas, portando las banderas de los dos países, se dan la mano, bajo una estrella de oro y la inscripción: L’aliance latine. Y como no falta aquí lo rigoló y todo es con la mejor intención del mundo, hay una carte postale en que sus majestades, en el Jardín de París, se lucen en un chahut desenfrenado.

Y pues de danza hablamos, ved las que á la danza se refieren: M. Loubet y el rey, entre los escudos nacionales, bailan el cake-walk. M. Loubet y el rey, mientras Delcassé pistonea sobre un plato de suculenta pasta, bailan otro cake-walk, ente espirales «macarrónicas».—L’invitation á la valse: Unos cuantos niños se divierten. Dos bailan y tres ven bailar. Demás decir que los que bailan son presidente y rey. Nicolás mira con envidia; Eduardo, con asombro. Allá, medio escondido, asomando la cara, con envidia, está el niño Guillermo. Está bien compuesta. Se diría una página de Caras y Caretas.—Otra danza: el presidente, que, como se sabe, es de Montelimar, hace un vis á vis con Vittorio Emanuel. El uno lleva una caja de nougat y el otro un plato de la pasta nacional.—En otra, al son que tocan sus respectivos cancilleres, Loubet-Francia, pandereta en mano, hace pareja con el rey, alegre. Eso es el «Concierto franco-italiano» «¡Evviva la Francia! ¡Evviva la Italia!» «¡Evviva Vittorio Emanuele! ¡Evviva Loubet!»

En la danse du nougat el rey baila malabareando con los paquetes de nougat que le tira su consorte, y del cual Delcassé, vestido de egipcio, sostiene un gran plato. El presidente toca el violín.—Penses-tu? Penses-tu? Penses-tu? Qu’ca reussisse?... La pregunta es intencionada, ante otro cake-walk político que la reina contempla. En otro dibujo aparece ya Rusia. El presidente, el rey y el zar danzan en ronda. En otra, Delcassé, los pies para arriba, está junto á los dos grandes y buenos amigos, que se agitan en un paso de quadrille. Y en otra, Inglaterra toma también parte, y cada cual baila su són: Víctor la tarantela, Nicolás una difícil gimnasia nacional, Eduardo la gigue, y Loubet ... el cake-walk.

He aquí: mientras una espesa Mariana se lanza á una audaz coreografía, Víctor la solicita: Viens Poupoule! Y ya en otra tarjeta, la tiene asida del talle:—Encore un baiser, veux tu bien?—Un baiser, n’negage á rien....? El autor de estas dos últimas debe ser español, al menos de origen, pues firma Morales.

Por último, Le cercle de la vie: el rey y el presidente, en bicicleta, mientras Delcassé les contempla, realizan la peligrosa suerte que en un music-hall se llama «el círculo de la muerte». Y la que representa á Loubet, de gallo, ante sus majestades. Loubet: «¡Qué grata sorpresa!» Emanuel: «Su majestad ha querido conocer vuestra fina sonrisa.» Y á un lado, Eduardo:—Ah, ce qu’on rigole á París! Y allá lejos, como un rey salvaje, el emperador del Sahara:—Moi, s’il m’invite, je n’irai pas!

Para concluir he dejado las más picantes é incisas. En una, M. Loubet, disputado por Eduardo, Víctor, Nicolás y Guillermo; uno le tira por un brazo, otro por otro, y los demás por los faldones del frac: Decidement, on se m’arrache! La «Nueva Tríplice» es un hombre de tres cabezas, las de Víctor, Loubet y Eduardo. Cerca el zar mira admirado; y allá, en el fondo, Guillermo, cruzado de brazos, contempla afligido, y tras él Francisco José no sabe qué hacer.

Una muy epigramática: El zar, knut en mano, lee las noticias de París, y exclama: Je tremble! Qu’Emmanuel ne lui fasse un emprunt; j’en ai tant besoin!