En «El eclipse» se interpone entre Loubet, por quien es atraído, y Guillermo, que le quiere detener por los pies, el rey de Italia.
Proclamando que la unión hace la fuerza, se ven otra, junto á Loubet y el zar juntos, Eduardo y Víctor Manuel, que llegan á juntarse; y allá lejos, saludando militarmente, ¿por qué no?, acude Alfonso XIII. «Querido, lo siento mucho; pero os tengo que dejar á la puerta.» Quien así habla es el rey de Italia, con su aliado y amigo el emperador alemán. Allá en la frontera, tras los Alpes, saca la cabeza Loubet, que aguarda.
Dos macabras: En tanto que el tren va camino de París, al dejar Modane, surge ante el rey italiano un espectro, como otra vez el de Jesús ante Pedro:—Quo vadis, Emanuele? Y en otra que se llama «La pesadilla de ultratumba», Crispi y Bismarck se alzan de su sepulcro, ante Víctor y Loubet, que de buen humor les gritan:—Ohé, Crispi! t’en sa fait une gaffe! Ohé, Bismarck, t’en as un oeil!
Y la que puede dar la mot de la fin:
Víctor Manuel vuelve de París y se encuentra con su amigo Guillermo: «¡Dichoso tú, primo! ¿Cuándo me toca á mi?...»
Hay más filosofía que la que se cree en esos pedacitos de cartón.