Oh que la vie est quotidienne!, decía Jules Laforgue el montevideano. Laforgue debía haber vivido hasta el siglo xx, pues la época encontraría en su ironía hamletiana y ultramoderna su verdadero poeta. Mas él también murió, aplastado por su tiempo, herido por el mal común.
¡Oh la delicia de la mediocridad! ¡No poder pensar, aislarse en la inconsciencia! ¡Poder entusiasmarse por un biciclista!
Se siente crujir los huesos del cráneo. Me apresuro á poner punto final, pues corre peligro este artículo periodístico de acabar en poema en prosa. Y eso ya sería grave.
IMPRESIONES DE “SALÓN”
Los pintores que persisten en una manera invariable y reconocida, siempre con telas que se asemejan unas á otras, y con temas incambiables, ¿lo hacen por su propia voluntad? Esos pintores no lo hacen por su propia voluntad, antes bien por la imposición de la voluntad de un público que les exige la misma cosa. Y su público les paga, y pues les paga, es justo pintarle la misma cosa para darle gusto. Cuando un voluntarioso se evade, la sorpresa protestante del comprador y de la admiración de casillero, se expresa. He aquí, por ejemplo, al fino y talentoso Raffaelli que deja ahora su París habitual, sus muelles, sus escenas callejeras, y presenta paisajes de Bretaña. Los que ven estos cuadros no están contentos. Esa naturaleza risueña, esos fragmentos de campaña, esa nueva nota, no es perdonada por los que han condenado al artista á parisianismo perpetuo. Renovarse ó morir, dice el artista: la opinión general dice todo lo contrario. A mi entender, Raffaelli ha hecho muy bien en buscar un nuevo campo á sus colores. Sus cualidades personales resaltan en todo caso. Su notación precisa, su dominio de la luz, trate lo que trate, le sostienen en su puesto, el de uno de los primeros maestros del arte francés de nuestros días. Otra sorpresa para los usuales admiradores es que la Bretaña de Raffaelli no se parece en nada á las Bretañas de los bretañistas de profesión ... Aquí todo es claro y grato, florido de sol, y en vano se buscarían las rudezas, brumas y aspectos sombríos de la Armórica.