Él no comulga con fe absoluta en el templo rodiniano, no ama la violencia y las osadías á veces poco comprensibles del autor del Balzac y del Pensador. Él va hacia bosques más hospitalarios que las intrincadas selvas del discutido y genial Dante moderno del bronce y del mármol. Si hiciese rodinismo sin sentirlo, caería en ridículo. Expresa lo que siente, como su ingenio lo indica, como su alma lo ve, como su cerebro lo sueña.

En los Artistes Français hay una concepción muy feliz de Enrique Guerra, una interpretación de suave encanto, de una adorable figura bíblica que perfuma aún el mundo con el poema de su ardoroso idilio y con su nombre: es la Sulamita, amada de Salomón, el poeta. Guerra se sintió inspirado después de leer la traducción del Cantar de los Cantares, hecha por Renan, y de la prosa marmórea y armoniosa en que se vierte el antiguo filtro de la sensualidad hebrea, brotó la blanca estatua que ha valido á su autor un franco éxito. Je dors, mais mon cur veille ... C’est la voix de mon bien-aimé: Il frappe: uvre moi, dit-il, ma soeur, mon amie, ma colombe, mon inmaculée, car ma tête est toute couverte de rosée; les boucles de mes cheveux sont toutes trempées de l’humidité de la nuit.—J’ai retiré ma tunique; comment veux-tu que je la remette? J’ai lavé mes pieds; comment les salirais-je? Mon bien aimé alors á éntendu sa main sur la fenêtre et mon sein en a frémi. Je me lève pour ouvrir á mon bien-aimé; ma main á touché la myrche; mes doigts se sont collés á la myrche liquide qui couvrait la poignée du verrou. J’ouvre á mon bien-aimé; mais mon bien-aimé avait disparu, il avait fui. Le son de sa voix m’avait fait perdre la raison. Je sors, je le cherche et ne le trouve pas; je l’apelle, il ne me repond pas. Les gardes qui font la ronde dans la ville me recontrent; ils me frappent, me meurtrissent; les gardiens de la muraille m’enlevent mon manteau. Je vous en prie, filles de Jerusalem, si vous trouvez mon amant, de lui dire que je meurs d’amour. De ese canto encantador lleno de leche y miel y vino y olor de manzanas y de rosas no recuerdo que ningún escultor, antes que Enrique Guerra, haya extraído un tema para una estatua. La amada oye la voz del amado y medio se despierta; su magnífica desnudez es una deleitosa armonía del eterno canto de la carne primaveral. Mas la obra del artista mejicano no tiene únicamente el valor de reminiscencia bíblica ó encarnación de un tipo literario; guarda su simbolismo, eterno y moderno, cuya expresión inician las figuras que vagamente surgen del fondo, y que suscitan, simplemente, el arte. El que tenga orejas, que oiga.

De Fidencio Nava diré que es otro que sigue nobles tradiciones. Me parece que sus maestros admirados y seguidos son los grandes del Renacimiento italiano, sin que esto le impida seguir tendencias modernas. Ha progresado mucho, porque su inteligencia vivaz va acompañada de constante estudio y laboriosidad. Nervioso, con mucha chispa intuitiva, Nava es también un adorador fogoso de su arte y del Arte. Poco á poco va ascendiendo; pero su ascensión la hace á paso seguro y firme. Presenta en esta ocasión—en otra seré más largo sobre su obra—un busto de Mlle. Barral, hija del célebre sabio, que ha agradado generalmente por la vida que hay en él y por el carácter y plasticidad. Fuera de los elogios de autoridades, le ha valido este busto un buen triunfo, y es que un comité formado para la erección de un monumento á Barral le haya encargado la ejecución del importante trabajo. Este monumento, que se elevará en el cementerio de Montparnasse, dará á su autor, no lo dudo, una victoria parisiense. Una figurita llena de gracia que se hará popular por Barbedienne, es la Petite boudeuse. Así demuestra Nava la flexibilidad de su talento, su facilidad de interpretación y expresión de la figura humana, su modo sereno de pensar y su manera feliz de sonreir.


DUELOS CÍNICOS

Día domingo. Visita al Père-Lachaise cínico. Es allá, en Asniéres, en la isla de los Perros, junto al puente de Clichy-Asniéres. Puede ir uno por el ferrocarril, saliendo de la Gare Saint-Lazare. Yo preferí el tranvía Madeleine-Asniéres-Geunevilliers, que pasa por la puerta del cementerio.