Don Alberto Lynch, del Perú, en la Société des Artistes Français, tiene un cuadro interesante; un panneau decorativo cuyo asunto está tomado de un verso de Virgilio: «Collados del Taigeto, hollados en cadencia por las vírgenes de Esparta.»

El uruguayo Sr. Samarán presenta dos telas meritorias, una de ellas Hommage au Maître, y la otra, en donde la intención se junta á lo bien reussi, titulada N’entend? pas ... toute á Rostand.

Un discípulo de Bounat, D. Roberto Lewis, cónsul de la república de Panamá, expone dos retratos, de una ejecución cuidada, y con excelente expresión, sobre todo el de Madame L. L ...

Ramos Martínez, el mejicano, tiene obras en ambos salones, cosa contraria al reglamento; pero el hecho está subsanado con que uno de los envíos, el del Salón de los Artistes Français, está firmado por un amigo suyo. Ramos ha logrado en ambos Salones la cimaise y unas flores preciosas en el Salón de Beaux Arts están colocadas al lado de uno de los clous, el retrato de lord Ribersdale por Sergent.

José Vera León, venezolano, expone un retrato muy bien realizado en la sección de dibujo de los Artistes Français.

Chilenos han venido sólo dos, Marcial Plaza Ferrand y Valenzuela Llanos. Este es un discípulo de su compatriota Pedro Lira y de Jean Paul Laurens. Ha expuesto en tres Salones parisienses. Es un paisajista de valer; se ve que se inspira en D’Haspignie, aunque procura dar su nota personal, expresar su manera de sentir la Naturaleza, el ambiente, el alma del campo, siendo, con todo, contrario al impresionismo. En su país se le ha hecho justicia, y obtuvo el premio de honor en el Salón de Santiago del año pasado.

Marcial Plaza Ferrand fué también discípulo de Lira, en la Academia de Santiago. Ha obtenido varios primeros premios en concursos de dibujo y pintura del desnudo. En el Salón de su país logró una tercera medalla en 1896, una segunda en 1897, y primera en 1898. Asimismo fué premiado en el certamen Edwards. Ha estudiado en París, bajo la dirección de Jean Paul Laurens. Expone por primera vez en la Société des Artistes Français, en donde le han admitido dos obras que figuran sur la cimaise. Las dos telas, Parure y Louisette, revelan un adorador de la «arcilla ideal», un feminista, en el sentido artístico de la palabra, como lo fué uno de los maestros que él admira, y al cual sigue á veces, con amor y éxito, Chaplin. En ambos cuadros expuestos hay esa suave disolución de rosas que caracteriza las encarnaciones del galante y elegante maestro francés, uno de los más bizarros cultivadores de la gracia voluptuosa.

En cuanto á la Escultura, sólo hay dos nombres hispano-americanos, ambos de Méjico: Enrique Guerra y Fidencio Nava. Ambos son talentosos y fervientes de amor á la plástica belleza.

Con tal que haya un ímpetu personal, una conciencia de la senda que se sigue y una sincera pasión de lo Bello, no importan al criterio sereno los procedimientos ó las maneras. Además se es roca ó flor, catedral ó logia, cóndor ó ruiseñor. Se posee la fuerza, ó se posee la gracia, cuando no es el genio que tiene las dos. La montaña de Miguel Angel no impide las amables y deleitosas colinas de Canova. Lo bello clásico no excluye lo bello romántico, lo bello parnasiano, lo bello realista, lo bello simbolista ó decadente. El no admitir más que una fórmula, ó un genio, ó una clase de lo bello, indica irremediable limitación.

Yo confieso que la vía porque va el escultor Enrique Guerra es una vía florida, grata, hermosa.