Como en la dantesca Comedia,
nos eriza el pelo y asedia
el espanto de la Edad Media.

Pasan furias haciendo gestos,
pasan mil rostros descompuestos;
allá arriba hay signos funestos.

Hay pueblos de espectros humanos
que van mordiéndose las manos.
Comienzan su obra los gusanos.

Falta la terrible trompeta.
Mas oye el alma del poeta
crujir los huesos del planeta.

Al ruido terráqueo, un ruido
se agrega profundo, inoído ...
Viene de lo desconocido.

Entretanto la muchedumbre
grita sin fe, sin pan, sin lumbre,
alocada de pesadumbre.

Y bajo el obscuro destino
se oyen rechinar de contino
los rojos dientes de Hugolino.

Y todo espíritu se pasma
al ver entre el fuego v el miasma
retorcerse al dolor-fantasma.

Arruga el ceño el Deo Ignoto,
y Atropos, Laquesis y Cloto
hacen señas al Terremoto ...

Ululan voces lamentables;
son idénticos y espantables
millonarios y miserables.