Van rebaños dolientes ... Van
visiones de duelo y afán
cual vió en su apocalipsis Juan.

Y sobre ellas ceniza avienta
el corazón de la tormenta,
y un rincón divino revienta.

¡Mas oíd un celeste allegro!
Es que pasa en el horror negro
Santa Elena de Montenegro.

Y bajo sus pies huye el suelo,
y sobre sus frentes el duelo
cae de lo triste del cielo.

¡Oh asombro y miedo de las Musas!
¡Oh cabelleras de Medusas!
¡Oh los rictus de las empusas!

¡Oh amarga máscara amarilla,
ojos do luz siniestra brilla
y escenarios de pesadilla!

Acres relentes, voz que hiere
repentina, gente que muere ...
¡Ay! ¡Miserere!... ¡Miserere!