Il trionfo della Morte se está publicando en la misma revista; en otras se ha traducido también gran parte de las obras del ilustre y joven maestro de Napóles.
De ocasión es, pues, saber la opinión que sobre el pensamiento italiano actual y su porvenir tienen quienes en la península están a la cabeza del mundo intelectual. Así lo ha pensado el escritor ameno y elegante Hugo Ojetti, que, a la manera de Jules Huret en Francia, ha hecho en Italia una enquête por demás importante.
Es, en verdad, Ojetti un encantador repórter, o más bien un explorador literario. ¿La causa de su libro? Él se dijo poco más o menos: «En Italia no hay crítica sobre la literatura contemporánea. Juntan los críticos en sus vacuas personalidades las más opuestas profesiones, y ya son soldados, ya abogados, ya empleados, ya periodistas políticos, ya mujeres, ya sacerdotes católicos.» ¿No puede decirse et pour cause, lo mismo en nuestra literatura de lengua española? Y seguía pensando Ojetti: «Apenas dos o tres son cultos y sinceros; pero sus voces, por la permanente escisión étnica del todavía vano reino de Italia, no son escuchadas más allá de los límites de su propia región. Los otros pseudo-críticos no saben hablar; hablan sobre todo y sobre todos; y ahora que los curas no están más en boga, gritan—como éstos hacían antes—contra toda obra nueva, el pulvis es. No se puede apreciar nuestro actual estado ni porvenir intelectual, ni por los diarios políticos, que son generalmente enemigos de la Gramática, del arte y de las letras, ni por las raras revistas, jóvenes, ignoradas o pasajeras, o viejas, supersticiosas y pedantes; ni por los libros—difíciles de hacerse por la insapia y pobreza de los editores, etc.»
Es un hecho que un movimiento de vida se nota. El público mismo comienza a dejar los libros franceses por los italianos. ¿Cómo hacer ver, hacer observar al público este movimiento, si no hay crítica?
Pues bien; concluyó Ojetti; iré de ciudad en ciudad y de casa en casa, a que los chêr maitre me digan lo que piensan al respecto, sea bueno o sea malo; pesimistas y optimistas hablarán con el público claramente y por mi medio.
Esto, dice él, «es casi un principio de socialismo estético. Pero el público sabrá a qué atenerse».
Y fué, en efecto, en viaje de investigación, a las viejas y a las jóvenes autoridades. Pocos nombres valiosos faltaron para su enquête, como Rovetta, como un Rapisardi, como Neucioni, como Guerrini.
Y ahora, homeopatizando, como es a propósito para una información de esta clase, comenzaremos con la visita que hizo al gran
GIOSUÉ CARDUCCI
Para verle tuvo que ir a Bolonia, «la Atenas italiana», en donde Carducci pontifica. Tiene su casa fuera de la ciudad, entre Porta Mazzini y Porta Santo Stéfano. Casa más que confortable. Libros muchos, muchísimos libros, no siendo pocas las ediciones princeps y obras raras, y siendo mayor joya una Commedia de la primera edición de Aldo, regalo de un admirador. Entre retratos de Hugo, Mazzini, Garibaldi, Mario, y un busto del Dante, un largo mechón de cabellos de Goffredo Mameli.