¡Ah, señora, os lo creo! Hay una edad—la belleza inteligente es de las diosas y los inmortales no tienen edad—hay una edad en que el triunfo femenino muestra su supremo encanto; es la edad que sigue a la primera primavera: esa es la edad de las emperatrices. Confieso que vos sois aún la temible ahijada de Lilith, sobre un trono irresistible

«Je vous serre les deux mains, mais je boude!»

Y yo, señora, con el permiso de vuestro señor marido, os las beso ambas, en la inclinación más reverente que puede hacer un poeta americano de sangre española.

14-1-1897.


NOCHES DEL VICTORIA
Temporada Vitaliani
«La Signora delle Camelie»

I

La señorita Alfonsina Duplessis, que ganó la inmortalidad por el amor, será siempre la bienvenida. Nuestros biznietos oirán todavía, arrullada por los organillos, las quejas italianas de la pobre Traviata. Jules Bois, que recientemente ha escrito una monografía sobre la real Dama de las Camelias, dice de ella con justicia que está fija «en ce paradis de sants de la Volupté, ce paradis dont le Christ est exclu, mais où touts les dieux de l'Olimpe demeurent». Es esa la recompensa de las almas de amor. Las vírgenes cuerdas, desde los balcones del paraíso del Buen Dios, se asoman a mirar, con una curiosidad no exenta de envidia, el paraíso en donde son admitidas las vírgenes locas. Allí pasa entre sus innumerables compañeras, la heroína de Dumas, en la mano una de sus flores preferidas, que han adquirido, por otra parte, a causa de su recuerdo, un renombre no muy angelical, a punto de que se murmura de ellas en el círculo de las nobles rosas y de las honradas violetas.