Sus repórters y reporteresas—pues hay un batallón de mujeres en el servicio del periódico—son de primer orden. Y la empresa del Sun es una de las más fuertes de los Estados Unidos y de la tierra.
En Nueva York refiriéronme una de las muchas curiosas anécdotas de su vida periodística. Sucedió que una vez recibió, por correo, una carta escrita con una letra semejante a la del Bob de Gyp. Llamaba la atención aquella carta entre el enorme montón de la correspondencia recibida. Más o menos leyó lo siguiente:
«Mr. Charles A. Dana.—Director del Sun.—Soy una niñita de cinco años. Hoy no hemos comido. Mañana pasa Santa Claus y no tendré muñeca, ni mi hermanito tendrá juguetes. Hace mucho frío y ya no tenemos carbón.» Firmaba un nombre de niña cualquiera, y junto al nombre la dirección de la casa.
Envió Dana a un repórter activo e inteligente a cerciorarse de lo que hubiere de cierto y ver si no había en el caso superchería. El repórter volvió afirmando el contenido y alabando la inteligencia rara de la niñita.
La madre, viuda, estaba en cama, y hacía días que había concluído sus ahorros. Estaba próxima a la más espantosa miseria, en medio de un crudísimo invierno.
Dana, ¿qué hizo? En el número del día publicó, sencillamente, el facsímil de la cartita, y he aquí el resultado, completamente yankee. Varias fábricas de muñecas y grandes almacenes, regalaron magníficos juguetes a los dos niños, en tal cantidad, que hubo que tomarse un local para exhibir—por paga, naturalmente—los regalos.
Varias compañías de ferrocarril obsequiaron a los niños con toneladas de carbón. El Sun adoptó al niño, y le costeó su educación. Una dama millonaria adoptó a la niña. Y Santa Claus fué el viejo Dana, con su gran barba, sus ojos dominadores y bondadosos, su gesto dictatorial y sus gentiles obras.
El nuevo edificio del diario, uno de los más altos de los Estados Unidos, y, por consiguiente, del mundo—greatest in the world!—, ha llamado la atención en el paso de las cosas enormes, país Manmuth, que diría Groussac.
El tiraje del diario aumenta cada día, y su popularidad es inmensa. Es de notar que entre las hojas yankees, que no descuidan, a pesar de su business, la parte amena, literaria y artística, el Sun es el diario más intelectual, más «bostoniano» en esto que neoyorkino.