vous tiendrez d'une mère une grâce infinie;

votre sang doit vous faire un esprit sans rival;

vous aurez la beauté, peut être le genie...

mais vous n'aurez jamais un semblable cheval.

Después, el dios entró en el Panteón... y Jorge y Juana en el mundo.

De ambos se volvió a oír hablar; de Juana, por su matrimonio laico con el hijo de Daudet; de Jorge, por ciertos escándalos de mozo de vida alegre...

Y luego, cinco años después de casada, Juanita se separa de su marido.

León Daudet es un espíritu altivo, un cerebro fuerte, un pensamiento quizá con demasiados músculos. Muy poco de artista, muy mucho de «sabio». Estudió para médico. Ya nos ha dicho Drumond cómo le consultaba el joven sobre tecnicismos médicos. Dejó la carrera y se tornó escritor, con un bagaje y una médula científica que dan a sus escritos cierta firme y enraizada fortaleza. Y ha ido a rápidos pasos. De Hœenes a L'Astre Noir hay un visible progreso. Y en sus críticas de la Novelle Revue revela un juicio personal. Su padre ha dicho: «A los escritores, como mi hijo, pertenece la literatura del siglo XX», en una reciente interview.

Y se atrevió León Daudet a publicar el Astro Negro... La Prensa de París ha respetado la más sagrada de las memorias, el más alto de los nombres de la poesía francesa, y no se ocupó del libro.