Y por qué fué al viaje peligroso, a exponer la vida por su sueño, y comió galleta dura y carne del oso blanco y bebió café sin azúcar en una casa de nieve, y cuidó a sus buenos perros, y vió la noche larga, y la milagrosa luz magnética, anda ahora dando conferencias y haciendo libros que vende como diamantes, y come el faisán con el rey y recibe el cheque del yankee. Porque es persona de honra y provecho, y el viejo Ibsen dicen que estaba rezongando entre dientes, cuando la fiesta de Christianía.

¿Pues no habrá que honrar y celebrar a estos buscadores de desconocidos? Nansen realiza su poema; él es su personaje principal, con un decorado de Snow, el brillo pálido del sol de media noche.

Oigase su narración parca, de sujeto de obra y hecho; no todo es número y grados; de repente, el interés acrece de un modo vibrante, y en medio del silencio polar, fijáos cómo el doctor canta en cuatro líneas la llegada de la primavera.

26-4-1896.


LA FIESTA DE FRANCIA

Hoy es el día en que, bajo todos los cielos, en todos los climas, erige, resplandecientes al aire, sus palmas de bronce, la Marsellesa. Todo el mundo parece que tomase parte en la alegría de la Francia, cual excitados los espíritus por los zumos de un vago Champaña de victoria. Las banderas, los tambores, las fanfarrias, los himnos franceses, nos hacen alzar la cabeza, correr más viva la sangre, marchar, pensar en cosas heroicas y bellas. ¿Cuál es el secreto de que Francia sea amada de todos los corazones, saludada por todas las almas? Preguntad al pastor decisivo por qué da la manzana a una diosa señalada. Entre todas las princesas de la tierra, ¡ave, regina Galia!, tú eres la más hermosa. El áureo París derrama sobre el orbe el antiguo reflejo que brotaba de la Atena marmórea. Ante esa capital mágica se extiende un inmenso océano de ensueños. Allá vamos los peregrinos del amor y del arte; allá van todos los adoradores de la vida, a cortar las rosas que curan con su perfume las ponzoñas de las víboras hiperbóreas, la somnolencia de filosofía brumosas. El idioma de Francia es el nuevo latín de los sacerdocios ideales y selectos, y en él resuenan armoniosamente las salutaciones a la inmortal Esperanza y al Ideal eterno.