Siguiendo las huellas de todos los ex presidentes de la Pepa, Carlos se dirigió a París a gozar de su dinero, en tanto que Antonio estaba preso en San Francisco de California, a pedido del Gobierno salvadoreño que negociaba su extradición.

Esta no se pudo conseguir, y Antonio, ya libre, se dirigió a Méjico, en donde creía encontrar apoyo en Porfirio Díaz.

Parece que cuando estuvo a punto de estallar la guerra entre Méjico y Guatemala, Antonio Ezeta ofreció sus servicios a la primera nación, con esperanzas de poder después recibir auxilio para revolucionar el Salvador.

Uno y otro hermano hicieron más de una vez que el cable comunicase de ellos poco honrosas noticias; ya era Carlos humillado y afrentado en un teatro de París por un colombiano a quien persiguiera durante su tiranía; ya era Antonio haciendo el Don Juan Tenorio con doncellas de labor en el país del tío Samuel. Mucho tuvieron que hacer los lápices de los caricaturistas.

Esparcidos por todos lugares, después de la débâcle, los exseides de los Ezetas, tenían encargo de comprar a la Prensa extranjera poco escrupulosa. La diatriba y el odio se multiplicaron contra los antiguos amigos de Menéndez y los vencedores de la revolución encabezada por Gutiérrez. El autor de la Historia Negra no fué de los menos atacados, y hasta la superchería de una falsa muerte fué propalada por diario como La Estrella de Panamá.

Mientras Antonio Ezeta pretendía inútilmente que Porfirio Díaz le ayudase a recuperar el Gobierno perdido, Carlos se divertía.

Sin la distinción y la habilidad de un rasta de alto vuelo, de un ilustre americano, no podía aspirar a casar a sus hijas con un Morny, ni a figurar en el «tout Paris» en manera alguna. Dedicóse a gastar sus millones, y la vida parisiense le fué fácil para ese objeto.

Mas el nabab iba quedándose cada día con menos rentas, y buscó refugio en Monte-Carlo. Monte-Carlo le ha llevado a la ruina; ruina pregonada por la Prensa del mundo.

Es un hermoso capítulo de Los presidentes en el destierro—novela que espera un Daudet corregida por Juvenal.