Asistió todavía en espíritu al baile blanco que dió la duquesa de Pomar a la persona astral de María Estuardo, y se refugió en su ensueño para librarse de los mandatos de la ciencia oficial.
Mas hasta allí persiguiéronle los horribles hombres científicos, los cuales fueron los primeros en pronunciar las palabras que han llamado la atención del Sr. Morlais: «Monstruoso charlatanismo».
El Sr. De Morlais debe conocer la campaña emprendida contra madame Blaratsky y la doctrina que propagaba, sobre todo, con motivo de sus milagros y manifestaciones taumatúrgicas.
Mucho han defendido sus discípulos y apóstoles, a la innegablemente simpática e inteligentísima rusa, la cual obtuvo su maravillosa ciencia por don especial, pues sin haber frecuentado los libros, sabía tanto como muchos sabios.
Mas sus contrarios no cesan, a pesar de haber ella muerto; el número y calidad de ellos, sobre todo la calidad, son abrumadores.
¿Quiere el Sr. De Morlais una prueba recientísima?
Abra el último número llegado—número de febrero—de la North American Review, y lea las páginas escritas por Sedwidg Minot sobre «La comedia psíquica». La fuente no es, por cierto, de escasa o sospechosa autoridad.
Se ocupa el escritor en dinamitar esos dos Palacios de Las mil y una noches, que basados en una poética ciencia—¡cómo se entrechocan esas palabras!—son consoladoras y amables academias, para el alma y para la poesía: la Sociedad Teosófica y la Sociedad Psíquica.