Y el Perú, para concluir con un heroico recuerdo, ha tenido en el siglo xx su Icaro: Chávez.
[CHILE]
Quien escribe estas líneas ha habitado por algún tiempo en país chileno, hace ya bastantes años, y conserva el recuerdo de una tierra bella y de una gente altiva y cordial. Chile ha sido, desde antaño, tenido como una república seria, laboriosa y culta, y después de la guerra con el Perú y Bolivia, como el pueblo más militarizado de América. Tuvo, antes que otras de nuestras potencias, el tino de buscar o facilitar el acercamiento y relaciones con las otras repúblicas del Pacífico, hasta la América Central, ya estableciendo representaciones diplomáticas y consular, ofreciendo becas, o enviando oficiales de su ejército como instructores, de suerte que la influencia y la simpatía chilenas han sido preponderantes en muchas de esas naciones, por lo menos hasta hace pocos años. Intelectualmente tuvo también cierto predominio en los estudios de ciencias político-sociales, con un Bello y un José Victorino Lastarria. El código civil chileno ha sido muy tenido en cuenta en aquellas legislaciones hispano-americanas.
En Europa, Chile ha sido estimado con gran consideración, en toda época, por el propósito que mantuvieron sus gobiernos, cualesquiera que fuese el partido imperante, de sostener el crédito chileno en todos los mercados, principalmente en Inglaterra, centro de sus grandes operaciones financieras, por la dignidad tradicional de sus hombres públicos, por la superioridad de su experiencia marítima, por la cordura y sentido práctico de sus clases superiores, y por la virilidad de su raza. El carácter chileno en el continente, está claramente definido.
La larga espada de tierra que se extiende desde el Sama hasta el cabo de Hornos, entre el Pacífico y los Andes, es, según los últimos datos publicados en nutrido libro del ministro de Guatemala D. Eduardo Poirier, de unos cuatro mil doscientos treinta kilómetros de longitud, y de una anchura que varía entre ciento setenta y cuatrocientos. Territorio cubierto en gran parte de valles y alturas, de orografía variada, contiene desde el desierto hasta la tierra feraz. Se basa en una copiosa y rica entraña minera. Allí se encontrara el siglo pasado el famoso antro de Chañarcillo, en Copiapó. Antes que ningún país americano, produjo Chile vinos excelentes. «Especialmente en los valles de Copiapó, Huasco y Coquimbo, el cultivo de la vid y de sus variedades, análogas a las de Europa meridional, ha alcanzado una perfección comparable tan sólo a la excelencia del producto. De él obtienen exquisitos vinos de Oporto y de Jerez y las afamadas pasas de Huasco». Tal dice el citado Sr. Poirier en su obra sobre Chile en 1910. En la parte central triunfa la agricultura. Aconcagua y Santiago, provincias ricas en viñas, dan burdeos y borgoñas parecidos a los franceses. Hay en el Sur maderas, pesquerías y ganados. El Norte posee los tesoros, únicos en el mundo, del salitre y los de su subsuelo. La fauna y flora han sido objeto, con sobrada razón, de los estudios de esclarecidos naturalistas del país y del extranjero. Sus termas son célebres y numerosas. El clima es vario en tierra tan extensa. El comodoro Byron, tío del poeta, dice en sus memorias: «El clima de Chile es, según creo, el más hermoso del mundo. Lo que sus habitantes llaman invierno no dura más de tres meses, y aun esta estación es sumamente benigna». El ingeniero belga M. Louis Cousin, ha hecho este resumen halagador y optimista, dirigiéndose a los chilenos: «La Providencia os ha favorecido con lujosa holgura. Por un lado, cuatro mil kilómetros de costa os abren la ruta hacia los demás continentes. Por otro lado, la maravillosa cordillera de los Andes, fiel y seguro centinela de la frontera oriental, constituye a la vez un inmenso condensador de las nubes, que os tributa la frescura, tan agradable en las noches de verano, un acumulador gigantesco de la energía solar sin medidas, capaz de suministrar gratuitamente una fuerza inconmensurable; un depósito inagotable de agua, fertilizando vuestros campos con un funcionamiento automático tan admirable, que cuando más arde el sol mayor caudal llevan los canales de regadío. Y como si lo que está a la vista no fuera bastante para estimular a los habitantes al trabajo, la cordillera encierra en su seno riquezas inagotables: do quiera que penetre el minero saca minerales valiosos, desde el hierro hasta el oro. Más todavía: el carbón, considerado como el pan de la industria, abunda en Chile, sus yacimientos reconocidos corren desde Punta Arenas hasta cerca de Santiago. Sin embargo, su extracción alcanza apenas al cincuenta por ciento de lo que consume el país». Cierto, excelente país para el trabajo, para la industria y la vida comercial. Con la apertura del Trasandino, una nueva puerta da entrada mayormente a nuevos elementos de prosperidad.