Después de más de tres siglos de colonia, la libertad nacional de Guatemala fué un hecho el 15 de Septiembre de 1821. Todo el país saludó aquella alborada entusiásticamente.

El programa de los próceres, basado en la libertad lograda, quiso tender al desarrollo de los intereses colectivos, armonizándolos. El país se abrió al comercio universal, y los españoles que habían quedado, gozaron de las garantías que la ley concede a todos los ciudadanos.

Grandes obstáculos, inevitables contratiempos se opusieron al desarrollo del programa. Miras diversas y contradictorias tendencias de los mismos hombres que habían hecho la independencia, dividieron la nación en agrupaciones y bandos. La unidad en la acción no pudo sostenerse para organizar el país. Tal división se recrudeció cuando el Imperio de Iturbide quiso que Guatemala formase parte suya.

Dos fuertes bandos dividieron la opinión, dando pábulo a profundos antagonismos. Los imperialistas, pertenecientes a las clases más ricas y acomodadas, por sus ideas ancestrales y su deseo de que la sociedad continuara en un ambiente monárquico, se inclinaban a que Guatemala entrase a formar parte del vecino Imperio.

Los republicanos y patriotas que habían luchado por la soberanía nacional, inspirados en el ejemplo de los Estados Unidos del Norte, querían establecer un pueblo democrático, alentados—además—por las ideas de la Revolución Francesa. Este bando contaba en sus filas con hombres de pensamiento y de cultura, y con la mayoría del pueblo.

Los dos bandos, en continuo choque de ideas, llegaron a los hechos, y en noviembre de 1821 tuvo efecto el primer episodio de guerra civil.

Después de invasiones imperialistas y combates, la Asamblea se llamó Constituyente, y por decreto de Julio de 1823, quedó declarada la independencia de Guatemala, y el gobierno a cargo de un triunvirato formado por D. Vicente Villacorta, D. Pedro Molina y D. Antonio Rivera Cabezas.

En Abril de 1829 entró victorioso el general Morazán en la capital de Centro-América, iniciándose para Guatemala una época próspera. Después, han gobernado la nación Carrera, Cerna, García Granados y Barrios, Barillas y Reyna Barrios; y actualmente ocupa la presidencia el licenciado D. Manuel Estrada Cabrera.

El famoso Rafael Carrera gobernó veinticinco años. No sabía leer ni escribir. Sus biógrafos refieren que, por su valor de soldado y su amistad con el clero, se sostuvo en el poder. El plan de instrucción pública se limitó en aquel tiempo a escasos rudimentos. El trabajo fué substituído por la holgazanería, y en las chicherías y fondas perdían el tiempo las clases obreras, machete al cinto, como una continua amenaza a la sociedad. El comercio casi no existía. A la agricultura no se prestaba atención de ningún género, y únicamente daban rendimiento las cosechas de cochinilla y de grana. Los caminos de rueda eran muy contados en el interior, figurando en primer término el del Puerto de San José a la capital, pues la carretera a Izamal, que se proyectara en aquella época, había quedado en su comienzo, a pesar de ser la vía del mejor y más cuantioso comercio guatemalteco.