El presidente Carrera emprendió campañas, entre las cuales se recuerda principalmente la de 1863, cuando derrotó al general Gerardo Barrios, que era presidente del Salvador y jefe del partido Unionista de Centro-América. No obstante, en los últimos años del gobierno de Carrera hubo algún progreso de orden material. Fueron construídos entonces el Castillo de San José, el edificio de la Sociedad Económica, que hoy sirve a los Correos y Telégrafos y a la Legislatura, y el teatro Colón.
Al morir Carrera, asumió el mando el mariscal D. Vicente Cerna. Este fué reelecto, y después de una campaña en que se recuerdan las batallas de Totonicapán, San Lucas, Tierra Blanca y «Cochin», fué vencido por el general García Granados, quien el 30 de Junio de 1871 entró en la capital y tomó el mando. El gobierno de esta capital se inició dictando la ley de libre imprenta, abriendo puertos en el Pacífico, derogando decretos monopolistas y alentando la agricultura y el comercio. Pero no tardó la guerra, y el general García Granados sale de la capital, dejando en su puesto a D. Justo Rufino Barrios. A su regreso fué convocado el pueblo para elecciones, y elegido este jefe prestigioso.
El general Barrios gobernó catorce años, siguiendo los propósitos patrióticos de Morazán, en favor del progreso nacional. Creó escuelas en todo el país, fomentó la agricultura, estimuló a las clases laboriosas, y creó democracia consolidando la República. A este respecto dice un guatemalteco eminente, D. Antonio Batres Jauregui: «Demostró Barrios, que el talento y las virtudes no eran el resultado de las aspiraciones de bandería, ni radicaban en las pretensiones de la nobleza. Esta se demostró tal como era entre nosotros, sólo apta para esquilmar al pueblo, y cuando el pueblo se levantó por el empuje de la Reforma, y aquél tuvo que unirse a él, necesariamente, y vinieron las uniones legítimas entre jóvenes educados y cultos, hijos de honrados artesanos, de industriales y agricultores del pueblo, con damas de la nobleza, a demostrar que en Guatemala se había hecho práctica la democracia que radica en la igualdad ante la ley, y que descansa en el apoyo del talento y en las virtudes que son, generalmente, el patrimonio de los pueblos más fecundos y honrados de América».
El general Barrios, sustentando las ideas de Morazán, activó su propaganda, dictó el decreto de 28 de Febrero de 1885 proclamando la Unión de Centro-América, y se puso al frente de un ejército para apoyarlo. En la campaña obtuvo algunos triunfos sobre los enemigos de la Unión, y en el ataque a Chalchuapa recibió la muerte. Fué en verdad una muerte heroica y gloriosa.
Sucedió al general Barrios D. Manuel Lisandro Barillas, que era segundo designado. Durante su gobierno, el país siguió su marcha progresiva. El general Barillas no pudo seguir en el poder, y el pueblo llevó a la presidencia al general José María Reyna Barrios. De su administración han quedado huellas estimables, como el Bulevar 30 de Junio, embellecido por monumentos de caudillos patriotas; el Cuartel de Artillería, el Palacio de la Reforma y el Registro. Además hizo todo esfuerzo por la importante obra del ferrocarril del Norte, que no pudo concluir. En Febrero de 1898, un extranjero, llamado Zollinger, hirió de muerte al general Reyna Barrios, y esto fué causa de una conspiración palaciaga, en que se quiso desconocer al designado por la ley, conspiración sin resultados, porque el licenciado Estrada Cabrera asumió el mando de la República.
Al referirme a la gestión gubernativa del actual presidente de Guatemala, he de prescindir de los ataques que contra él se han hecho en algunas publicaciones y que, desde luego, se ve que son obra de sus contrarios políticos. No me toca inmiscuirme en los asuntos interiores y en las rencillas partidarias de aquella generosa nación.
El presidente Estrada Cabrera, aparece, al contemplársele sin prevenciones, desde lejos, como un intelectual amigo de los hombres de pensamiento y de acción, y prácticamente interesado en asuntos que signifiquen brillo y progreso para su país. Ha llevado a término la grandiosa obra del ferrocarril del Norte interoceánico, que ha dado enorme impulso al comercio garantizando a la nación su porvenir económico. Este ferrocarril ha unido las ricas zonas de Mazatenango, Retalhuleu y Quezaltenango con la capital. El presidente Estrada Cabrera ha creado las fiestas de Minerva, y dedicando especiales esfuerzos y estudios al problema de la instrucción pública, con métodos e ideas modernas, y fomentando las artes y las ciencias ha logrado un florecimiento intelectual apreciable ya. Ha fundado escuelas prácticas, con edificios especiales, en los veintitrés departamentos que componen la República. Un completo sistema telegráfico cruza el país actualmente. Para el desarrollo de la agricultura, el gobierno del licenciado Estrada Cabrera, ha repartido más de 8.000 caballerías entre gentes laboriosas. En la capital, de 1907 a 1911, se han realizado mejoras de significación, entre las que pueden mencionarse: la pavimentación moderna de calles y avenidas, la formación de parques como el de Jocotenango, edificios para escuelas y un plantel for correccional en la Segunda y Séptima avenidas, Norte y Sur; en el paseo de la Reforma hay nuevos chalets y villas y asilos, y en el Llano del Cuadro se han edificado manzanas de bellas mansiones.
En un reciente mensaje a la Asamblea Nacional, dirigido por el presidente Estrada Cabrera, hay párrafos que acusan un sereno interés patriótico, por ejemplo:
«A iniciativa de muchos escritores guatemaltecos, fué convocado y se reunió en esta capital, durante los últimos días del mes de Octubre recién pasado, el primer Congreso Centro-Americano de Periodistas, agrupación por todos conceptos importante; simpática, que ocupándose, según su programa, en excogitar los medios más civilizados y eficaces para llegar a la pacífica reconstrucción de la antigua patria y de hacer propaganda de ellos, por medio del periodismo, mereció todos los aplausos debidos a la buena fe y sana intención con que se trataron aquellos importantes asuntos.
»El gobierno vió con placer que, efectivamente, salvando unas pocas exageraciones y ardimientos juveniles, los trabajos llevados a cabo por ese interesante Congreso tendieron principalmente al acercamiento pacífico, seguro y estable de las repúblicas del Istmo, que es uno de los puntos del programa de la Administración guatemalteca y se congratula en manifestar que la iniciativa de los escritores fué acogida con general entusiasmo, y que acudió al llamamiento de ella la parte más importante de la prensa de Centro-América.»